Entradas etiquetadas con Puebla
The Big Lebowski.
24 ago
“¿Es un nihilista? Eso ha de ser desgastante.”
-Jeffrey Lebowski-
K. busca su verdad religiosa. Y aunque todavía no lee la Biblia, el Corán u otro bestseller religioso, puede asegurar por muchas razones que un proyecto de vida enmarcado por tan severas doctrinas con tan pocos resultados prácticos le resulta impensable. Si Alá ya tiene su boleto en el infierno por ser cristiano y Dios lo ha puesto en la lista de huéspedes en el calorífico hotel del Demonio por ser musulmán, entonces su vida posmortem se resuelve en una inevitable eternidad en el infierno. Así que letrado con el conocimiento de su trágico fin y perdido en las peripecias existenciales del mundo terrenal, K. decide ir en busca de una figura magnánima que resuelva las preguntas esenciales de su contrariado ser. Con pasión se cuestiona: ¿Quién puede servir como estandarte para guiar una vida zángana y despreocupada donde la nada es reina y dominatriz? Porque cuando uno decide a escoger un Dios terrenal tiene que hacerlo como koala prensado al árbol, con determinación, naturaleza y sin esnobismos. Y K., como buen representante del país del chile, es el más grande huevón en San Pedro Cholula. Sería hipócrita asumir a Gandhi o Mandela como modelo a seguir. El oleaje de su vida está comandado por dos lunas opacas: la de inactividad y la del ocio. La persona a escoger tiene que ser como un pinche Roll Royce, hecho a la medida. Si no, no. Y ahí, entre millares de hombres ejemplares que pueden servir como faro a una vida meramente relajada, emergiendo de cuadros que corren a veinticuatro por segundo, la figura de Jeffrey Lebowski, a.k.a. The Dude, se erige entre todas como la más suculenta para administrar los senderos que el vacío tiene para todo dominar y subyugar. K. ha encontrado su verdad religiosa. Es Dudeísta.
¿Y quién demonios es Jeffrey Lebowski? Más >
Eyes Wide Shut, el adiós de Kubrick.
17 ago
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Dicen por ahí que Ojos Bien Cerrados es el testamento fílmico de Stanley Kubrick. Yo no entiendo tal aseveración, mejor, no entiendo a qué se refiera. Tal vez apunta a las miles y precisas instrucciones que Kubrick dejó antes de partir para que su película fuera culminada, la voracidad de su perfeccionismo es algo que ha incrementado la leyenda en torno a su excéntrica personalidad. Pero si entendemos la palabra testamento como lo que uno le deja a ciertos otros después de colgar los tenis, el testamento fílmico del director sería la conjunción de su obra, y Eyes Wide Shut el último capítulo del mismo, donde el Maestro nos hereda a todos su gran reflexión sobre la relación más cabrona, compleja y visceral de todas, la de pareja. Más >
Midnight in Paris o la cura para la nostalgia.
11 ago
¿Cree que los tiempo actuales son vacuos y sin sentido? ¿Ha sentido que no pertenece a esta época? ¿Admira todo lo que se produjo en otra con fervor y romance? ¿Sufre de divagaciones nostálgicas sobre un lugar y tiempo que nunca conoció? ¿Daría usted un trozo de su vida por vivir unos cuantos días en ese escenario idealizado? De haber contestado “sí” a cualquiera de las preguntas anteriores no sé preocupe en lo absoluto, es un síndrome bastante ordinario en nuestros días. Y no lo digo yo, mucha de la teoría posmoderna ha hurgado en esta constante condición anacrónica bajo la que vive la cultura occidental, de hecho la ha propuesto como una de las características centrales del individuo; lo anacrónico no es sólo un sentir, sino una forma de vida. (En lo personal siempre me he imaginado en los lejanos años 67-68, tiempo en que la música rock proliferó como nunca en su historia, tiempo del Sargento Pimienta de los Beatles, el Piper at the Gates Of Dawn the Pink Floyd y del gran Freak Out del maestro Frank Zappa).

De pianista judío perseguido por los nazis a pintor surrealista, el polifacético Brody como Salvador Dalí.
Woody Allen como el gran retratista de los tiempos actuales que es, ha dedicado su más reciente película, Midnight In Paris, a retratar tal condición desde la cara más brillante de la moneda, un universo donde la pesada nostalgia por lugares que nunca podremos pisar puede ser curada a través de un viaje en el tiempo. Más >
Larry Flynt, la lucha por la libertad de expresión.
4 ago
Milos Forman hace buenas biopics (Amadeus, The Man of The Moon, El Fantasma de Goya). Tiene esa habilidad para escarbar en la vida de alguien (no cualquiera por supuesto), capturar los momentos cruciales para construir un relato y después enfrentar el gran reto de trasladarlo al complejo lenguaje cinematográfico. De todas sus biopics la que más he disfrutado es The People Vs Larry Flynt, la historia de un cabrón que a través de la lucha incesante para que la pornografía que producía no fuera censurada, se fue convirtiendo en una especie de activista en pro de una libertad de expresión inalienable, absoluta, como lo dictan la Primera Enmienda de la Constitución Gabacha y casi todas las constituciones del mundo. Flynt se enfrentó con los sectores más conservadores de la sociedad gabacha y salió triunfador. Esto sin perder una pizca de su personalidad: irreverente, altanero, un verdadero hombre escándalo; como buen pornógrafo siempre disfrutó de la loquera, sexo, alcohol y la felicidad en sus diversas presentaciones diría el Desh, un cuate. Ayer la pasaron en el VH1, en esa sección irregular de Movies That Rock, la vi de nuevo por supuesto, la disfruté mucho más que en aquél cine mega chacal del Distrito Federal en el lejano 1996, época en que la infancia no me permitía entender muchas cosas.
Zelig, el documental según Woody Allen.
27 jul
La carrera de Woody Allen es extensa y bestialmente prolífica. Alguna vez escuché a Jim Jarmusch decir que en todos nosotros habitaba un número limitado de historias, Woody hasta el momento no cae en tal condición, prácticamente ha elaborado una película al año desde su aventura escatológica, la irreverente Todo lo que quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar en 1972. Haga usted la cuenta y observe al ritmo que trabaja, además de filmar Allen ha escrito cada una de sus películas. Durante la década de los ochenta, ya consagrado como “autor”, el judío de Manhattan entrego clásicos abergmaniados como Otra Mujer y uno de sus “grandes” éxitos en taquilla Hannah y sus Hermanas, por supuesto también nos brindó grandes piezas de su género canónico, la comedia, como Comedia Sexual de Una Noche de Verano, La Rosa Púrpura del Cairo y Zelig. Es sobre el último de los títulos, Zelig, del que quiero hablarle hoy ya que representa a mi entender una pieza excéntrica en la carrera de Allen, una comedia que utiliza un género muy en boga en estos días –el mockumentary o falso documental- en los que el mundo está obsesionado con ver la realidad capturada, situación, dicho sea de paso, que desde hace más de una década ha desembocado en una fenómeno de doble cara: por una lado ha explotado de forma grotesca la más mierda de todas la tv, la de realidad, pero en contraparte ha impulsado al documental hacia una “era dorada”, donde los mockumentales, por obvias razones usted podrá deducir, también han resurgido y cada vez se producen más alrededor del mundo.
El asunto aquí es que de haberla escrito como un guión ordinario Zelig sería una clásica película de Woody Allen –la última en que ocupó ese humor zany presente en la parte más temprana de su filmografía-, y aunque lo es en muchos sentidos la Más >













