Desde que comenzó la oleada de Reality Shows, muchos han hecho análisis, críticas y razonamientos diversos sobre la naturaleza de dichos ejercicios televisivos. Otros tantos han caído en sus brazos, encantados por la veloz imagen y narrativa de la “vida real”, yo por ejemplo, tengo que admitir que soy fanático de programas como COPS, o Most Shocking Moments, donde hay incesantes desfiles de rarezas, riesgos y situaciones extrañas. ¿Somos lo que vemos? Probablemente sí. Yo admito que esos programas cumplen en mi cabeza esa función de idiotización primaria y desconexión de mi realidad, con todo y que sean shows de realidad, pero tampoco seamos hipócritas, cada quien tiene sus métodos, hay quienes ven Bob Esponja o Adventure Time, hay señoras que ven las novelas, hay adolescentes que ven los shows de las quinceañeras embarazadas, hay hombres que cada domingo ven el soccer, y así hasta llegar a las viejitas que no salen de la iglesia y además ven el María Visión.

El póster es bastante tibio, también.

Sin embargo, existe en específico ciertas cosas que nos molesta que la gente vea, o peor aún, que sirvan como una guía en sus pensamientos, juicios de valor y procesos de convivencia. Bobcat Goldthwait, -quien en el pasado trabajó como escritor para Dave Chapelle y ha hecho montonales de cosas para series y películas- se centró precisamente en eso, el viciado mundo de la televisión y el cómo afecta a los inocentes norteamericanos, presas frágiles de esta monstruosa caja imperialista, que envenena su mente con shows de realidad, noticieros sensacionalistas y demás porquerías. Dicho argumento es valido y no.

Bobcat Goldthwait lanzó hace poco, una película extraña y destructiva, que aunque en apariencia es regida por el humor negro, termina convirtiéndose en un estatuto lleno de violencia Más >