Flood (2000)

Un disco de portada minimalista y música compleja. Dicho álbum consta de cuatro tracks llamados Flood, que están divididos consecutivamente en partes, 1, 2, 3 y 4 respectivamente. Si bien, puede ser por el diseño de la portada, y su azul mar, la música de esta banda japonesa en este álbum en específico, funciona como una cápsula de liquido que parece hacer olas entre capas de delay y repetición, una abrumadora calma de cuerdas encimándose una sobre otra, que se convierten progresivamente en una orquesta de guitarras ambientales. Repentinamente, como si efectivamente se tratara de una recreación distorsionada del océano los avisos de tormenta aparecen incidentalmente, sonidos de extraña percusión avisan la llegada del huracán, y crecen con naturalidad dentro del pacifico colchón de psicodelia.

La aparente tranquilidad.

La primera parte transcurre compeliendo el ambiente, destruyendo la primera guitarra y separando sus cuerdas hasta quebrarlas, la percusión y sus filtros forman convulsión en el escenario inicial y convierten la pieza en una poderosa ola de Drone que se corona con la lejana intervención de una batería serena, movimiento que permite un ojo dentro del cataclismo previo y otorga de identidad a la segunda parte de la sinfonía. La tercera parte introduce el mantra de Atsuo y Takeshi el cual es violentamente interrumpido por la brutalidad e inclemencia de potentes guitarras y bajos que abren la puerta al impetuoso sonido del Doom, lento y potente, un gigante cruzando el cielo, el OST perfecto para aquella pintura de Goya, el crujido que sonoriza pulcramente el fin del mundo y que sólo crece y crece. La cortante guitarra desliza dentro de gordas notas de bajo las más punzocortantes cacofonías jamás emitidos por una cuerda. La conclusión permite el regreso a la calma profunda y azul.

¡Dobles brazos fucking rocks!

Akuma No Uta (2003)

Parte importante del conquiste sucede por conjuntos. La efigie de bienvenida sucede con un animoso y misterioso homenaje a un personaje igualmente incomprensible como Nick Drake, que aunque no se refleja fácilmente en el sonido de la banda, está presente siempre como un gurú metafísico, parte obvia en la portada que homenajea el Bryter Layter (1970) clásico álbum del señor de la melancolía y el folclor inglés contemporáneo. El lodoso sonido de una enorme guitarra de dos brazos da la bienvenida con una maldadosa introducción, bautizada tal cual como Introduction, una bienvenida de nueve minutos con cuarenta y un segundos. Akuma No Uta significa la canción del diablo, y como tal, presenta sus respetos a la oscuridad consecuentemente en cada segundo del disco.

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La introducción sirve para adecuar los oídos al siguiente paso de barbarie velocidad y salvajismo, Ibitsu y Furi comprimen treinta años del Metal más violento y asombros en sólo tres minutos y medio, pasando por la explosiva belicosidad de Motörhead y la potente oscuridad del temprano Sabbath, añadiéndole montones de sonidos que viajan por el ADN de bandas como Melvins y Earth hasta sus amados Venom, todo encapsulado en la ferocidad del Noise, Heavy y Stoner más duro.

Sin embargo la naturaleza de Boris, no hace a lado la oportunidad de regresar a la melancolía y aprovecha con Naki Kyoku para hacer un descanso momentáneo que nuevamente estalla bajo la catarsis de este poderoso trío y su constante dogma sobre lo que el Rock debe y puede ser. Ano Onna No Onryou y Akuma No Uta cierran el disco y sientes que los oídos te podrían sangrar.

Debo aclarar que sólo escogí dos discos porque no quería alargar más mi columna, sin embargo, considero necesario que se escuchen por lo menos otros dos más: Heavy Rocks (2002) y Pink (2005) esenciales para caer a los pies de esta gigantesca banda.

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