Recuerdo hace unos cuantos ayeres haber visto la portada del Doo Bop en los estantes de una tienda de discos. Yo en ese tiempo estaba metido en otro tipo de música, y nada que no fuera rápido y ruidoso no me gustaba. Aún así, esa portada me intrigaba en demasía, se percibía un alto grado de locura en su composición, esa sencilla imagen de Davis tocando su trompeta, algo no era común ahí, la candidez de la fotografía me hacía imaginarlo en estados alterados de conciencia, probablemente en un departamento en Nueva York, rodeado de bohemios locos, que aún recitaban chairamente los poemas de Ginsberg y tomaban Ajenjo.

El disco jamás ha sido considerado de lo mejor de Davis, aún así me encanta.

Años después, en una de las ediciones de La Mosca en la Pared, había un artículo sobre Miles Davis y la importancia que tuvo para el Jazz, móvil que me impulsó a investigar más sobre él. El primer disco que escuché fue el famoso Bitches Brew(1970), uno de mis álbumes favoritos de este oriundo Illinois, y en donde, Davis, abrazó la música psicodélica, el avant garde y creó puentes con el rock progresivo de la época, presentándolo además con una hermosa portada creada por Mati Klarwein

La contra portada es igual de genial.

Una de las grandes características de Davis, fue siempre perseguir la experimentación y de algún modo, adelantarse a las tendencias del Jazz, lo cual provocaba sentimientos encontrados entre sus contemporáneos, dividiéndolos en dos grupos, los que lo amaban y los que lo reprobaban, eso hasta el día de su muerte. Sin embargo, esta separación del Jazz de alto calibre y de círculos puristas, le permitió jugar con el mundo Pop y colaborar con numerosos artistas, no sólo Jazzistas y Funkeros, como Charlie Parker, Herbie Hancock o John Coltrane, sino también con músicos nuevaoleros como Scritti Politti, o ese famoso encuentro con John Lydon y los Public Image Ltd. En donde improvisó una parte de trompeta para el Metal Box, fragmento que por cierto, no quedó en la edición final.

El gran Miles.

Como primera intención de toda esa experimentación, Miles, siempre tuvo el claro propósito de hacer que el Jazz fuera de nuevo lo que en los cincuenta, esa música que representaba a la juventud y le hablaba a los insurrectos, que se llevaba perfecto con los beatniks y personificaba una parte intrínseca de la calle y la contracultura, por lo que, para sus últimos trabajos juntó influencias del Hip Hop y Música Electrónica, dando paso así al Acid Jazz, un estilo mucho más digerible y amable que respondía perfecto a los hábitos de la música de principio de los noventa, por su puesto, sin dejar a lado la perfección y grandilocuencia que Miles siempre ocupó en todos sus materiales.

La mítica fotografía que Anton Corbijn tomó a Davis.

Y al fin, un día escuché el Doo Bop, y era justo lo que había imaginado. En mi mente corría una escena inexistente y cinematográfica, donde en cámara lenta veía conviviendo en un apartamento neoyorquino blanco a todos aquellos grandes que consumían la experimentación Pop como pan; caminando lentamente Basquiat, del otro lado Warhol sentado platicando con Nico, mientras en un sillón sentado Miles Davis, tocando la más dulce melodía que jamás se hizo, todos felices.

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